martes, 7 de mayo de 2013

El cuarto grupo.

Continuando con la tesis sobre "los amores" que supo comenzar @LulitaMess (ver: http://retazoceleste.blogspot.com.ar/2013/05/tu-pausa.html?spref=tw) debo decir que existe un "cuarto grupo".
El denominado "cuarto grupo" de amores es aquel que no esperás en tu vida. Llega cual huracán, arrasa cual viento con todo tu ser, te despeina, te desarma, te desnuda y te deja la pregunta: "¿En serio creías que estabas bien?".
Apareció tímido y sigiloso, pero fue cubriendo cada agujero de tu vida, para que no pases frío, para que no estés sola, para abrigarte el alma y así mantuvo encendida la llama.
Supo abrirse camino y paso a paso te fue superando la intriga, te fue interesando al punto de sentir la necesidad de su presencia.
¿La llama que no se apaga es esa a la que debés socorrer para acabar con ella, o es esa a la que debés darle más aire para avivar más su fuego?
El "cuarto grupo" es fuego en estado puro. De esos fuegos que queman, que dejan marcas, que te hacen vibrar todo el día. Ese fuego que te despertó de un letargo, que te demostró que se puede estar mejor, a menos que quieras mirar al costado y seguir como si nada hubiera pasado.
Este "cuarto grupo" asusta. Te vuelve loca. Tenés muchas decisiones por tomar. ¿Sumarás valor para ir por más o lo hacés retroceder hacia el "tercer grupo"?
Quizás el "cuarto grupo" haya sido la mejor conquista. Esa que no tenía nada para ganar, mucho menos para perder, y sin embargo, se lo llevó todo de tí.

domingo, 5 de mayo de 2013

Reir juntos.

Me perdí.
En sus ojos. Su voz hizo lo propio. Me conquistó.
Faltaba la piel. Y ese día su perfume terminó de enamorarme.
Me hablaba con canciones. Punto débil en mí.
Me había llevado imaginariamente de paseo por distintos lugares del mundo.
Y en cada calle, un beso. Y en cada esquina, una canción.
El sol había vuelto a todas las mañanas.
Nos perdimos.
En sus ojos. En mis manos. En nuestros besos.
Entre sábanas. En cada suspiro. En cada palabra.
En la mirada. Yo me veía en él. Creo que él se veía en mí.
Nos llevamos de paseo, viéndonos reir, por un sólo lugar en el mundo.
Y en cada calle, una sonrisa. Y en cada esquina, la complicidad.
La magia había vuelto a todas mis noches.
Me encontré.
En sus ojos. En su voz.
Entre sus manos fui yo. Entre besos fuimos los dos.
Lo encuentro.
Ahí, en cada una de las canciones que me regaló.
Me río sola. Y a veces lloro.
No medimos el amor. Tampoco la distancia.
Y remar para que el camino sea el más corto es la única solución, hoy.
Crece la necesidad de ver sus expresiones.
Aumenta el deseo de susurrarle palabras al oído.
Está todo tan claro, tan claro. Es fuego, es calor, es vida.
Cierro los ojos y recuerdo que respiramos el mismo aire.
Suspiro. Y espero el día que podamos volver a hacerlo.
Reir juntos. 


jueves, 2 de mayo de 2013

Ahí está ella.

Ahí está ella. Sola.
Quiere llegar a todo y no llega a nada.
Corre, corre y corre. Pero no lo alcanza.
En el medio de un sueño, bajo una inmensa lluvia, apenas ve su sombra.
Insiste. Toma velocidad. Intenta mover a la gente que se cruza en su camino.
Lo ve de perfil. Pero no llega.
La fuerza se le va acabando.
Las lágrimas regresan. Desesperanza y desesperación.
Alguien le habla. Es su voz.
Gira. No ve a nadie.
Lo sigue escuchando. Pero él no está.
No llega a él. Aunque luche a diario. No llega.
Prueba de cerrar los ojos tan fuerte para volver a verlo.
Pero ya no está.
Otra noche más que lo busca. En sueños, canciones, letras.
La espera se hace intensa. La lucha desmedida. ¿Dejarlo todo o seguir intentando?
Prueba de nuevo.
Un día nuevo que arranca y una canche más por apostar en el juego de la vida.
Tira los dados. Toma el otro camino y vuelve a rodar... pero que aún no llega.

sábado, 28 de julio de 2012

Mi compañero verde



Esa mañana llegué a la casa de mi abuela, cerca de las ocho. Entré a las apuradas, como siempre. Por momentos sentí que algo o alguien me estaban mirando, entonces, me detuve. Y ahí lo vi. Enorme, alto, brilloso, verde y espinoso. El cactus que tiene la abuela en el jardín. Me miraba muy fijamente. Y sí, siempre esta paradito y fijo en el mismo lugar, todos los días.

Llegué hasta la cocina y cuando me encontré la mesa llena de papeles, fotografías y cartas, pensé "¿Qué pasó acá?". A la vieja no se le había ocurrido otra cosa que ordenar y recordar viejos tiempos. Me senté a su lado y comencé a memorizar momentos pasados de mi vida, al mismo tiempo en que ella me mostraba cosas y gente que nunca conocí.

Las fotos pasaban por mi mano y por mi mente. Por un instante pensé en lo distinto que era la vida de antes, la vida que llevó mi abuela. Miré todo detenidamente. Algunas cosas me causaron gracia, otras me llenaban los ojos de lágrimas.

Siempre pasa esto, ¿no? Cuando uno ve cosas antiguas, te hacen recordar aquellos momentos de los que ni te acordabas o aquellos que preferirías no recordar. Sin embargo uno guarda esas cosas. ¿En qué casa no hay fotos de las que no se pueden mostrar? Siempre están las típicas en las que tenemos un peinado que no nos gusta o estamos vestidos como payasos (sin ofender a los payasos). Nos olvidamos que en esa época esa ropa estaba a la moda. Pero uno siente que está mejor ahora que años antes.
Por suerte, me reí de los demás, porque como las fotos eran en blanco y negro, yo no aparecía en ninguna. Excepto en una. La excepción que confirma la regla.

Cuando mi abuela la vio, comenzó a reirse. Era la fotografía de una chica flaca -mi mamá- acompañada de un muchacho de pelo medio largo -mi papá- con un bebé en brazos –yo-. Me causó gracia al principio, asombro después. En la foto no estábamos sólo los tres. Junto a nosotros estaba él. El cactus enorme, que por entonces, ya era enorme.

Mi asombro fue gigantesco y traté de entender como puede ser que esta especie de planta, habitual a las zonas áridas y secas, se mantenga en pie durante tantos años en un jardín húmedo y lleno de flores como el de mi abuela. ¿No se habrá sentido en ningún momento discriminado por tener espinas en vez de hojas y flores como las demás plantas?

Al llegar a mi casa, con ansias le supliqué a mi papá que me hable del cactus. Luego de sonreir me contó una historia que jamás imagine. Durante su infancia y sus juegos en el patio, en las noches de verano adolescentes con amigos, hasta en despedidas de solteros. Todos esos momentos fueron compartidos con el "amigo verde". Cuánto sabrá, entonces, esta especie que vive a la defensiva con sus espinas y sin embargo es tan tierno por dentro. ¿Cómo es que ciertas cosas nos acompañan a lo largo de nuestras vidas? Muchas veces no nos damos cuenta de eso. Uno llega a darse cuenta del valor de ciertas cosas cuando las pierden, dicen.
Los días pasaron y mi curiosidad, por saber todo lo que vivió ese cactus a través de tantos años, seguía creciendo.

Por un par de días no fui a la casa de mi abuela, porque llovía mucho. Tres días fueron, exactamente, de una tormenta que parecía no terminar jamás. Como las típicas de verano, en donde el cielo se pone gris, se pone negro y chau. Fuiste. Agua y más agua sin parar.

Cuando por fin salió el sol, emprendí mi camino hacia lo de la abuela, mientras iba pensando en el amigo verdecompañero de tantas emociones de todos aquellos que alguna vez pasaron por su lado. Esta vez iba a ser distinto que los demás días. Yo no iba a sentir que algo me miraba. El sería quien se iba a sentir observado.

Llegué riéndome, como si estuviera hablando sola. Y si mi asombro de ver al cactus en la foto fue grande, no se pueden imaginar como me puse cuando no lo vi. Él ya no estaba. La tormenta no lo dejó mantenerse en pie.

En ese momento no se me ocurrió otra cosa que preguntarme "¿por qué?". Pero ¿por qué, qué? Sinceramente me dio mucha bronca, impotencia y como una especie de desgarro interior. Si nunca antes le había prestado atención, porqué me puse así. Con los ojos llenos de lágrimas, llorando por algo que nunca antes había tenido en cuenta. No sé. Pero miento si les digo que no me quedó ninguna intriga. Y en mi cabeza, sigue dando vueltas una idea que muchos tenemos pero que nunca llevamos a cabo: darnos cuenta a tiempo, que lo que tenemos, aunque sea en una porción ínfima, vale y mucho.

Verano del 2003.

sábado, 30 de junio de 2012

¿Qué es el color pastel?


¿Qué es el color pastel?
   Un día como tantos fui a la cancha de Independiente, mi adorado club, y me tomé el trabajo de observar cada uno de los sectores del estadio.
Haciendo una vista panorámica, me encontré con las plateas, la popular, la bandeja alta, la platea de socias y un sector muy especial al que denominé el “sector color pastel”.
   Se preguntarán qué sector podría ser color pastel, en un escenario acostumbrado al “rojo vivo” de las camisetas, de las banderas, las bengalas y cualquier cosita que acompaña al hincha del “diablo rojo”.
   Pero aunque no lo crean, esa pequeña parte del estadio “Libertadores de América” es colorpastel.
   ¿Alguna vez se preguntaron qué es un color pastel? La primera respuesta que me dieron fue que son colores claros, con poca exaltación, con poca vida. Y me quedo con la última definición: con poca vida. Y pensé si tenía relación con el sector que bauticé.
   Observé por varios minutos ese sector. Cada vez que estaba en la cancha, lo observaba. Ya le había tomado cariño. Y cada componente del sector me los inspiraba.
   Descubrí que ese parte de la cancha, que se viste de color crema, marrón, celeste, rosa, salmón, y cualquier otro color pastel que se imaginen, da cuenta de la historia del club, que este año festeja su centenario.
   Cualquiera que señalemos del “sector pastel” vivió las quince copas internacionales ganadas, o los catorce campeonatos nacionales y aún siguen concurriendo a ver y alentar a su equipo.  Cualquiera que señalemos del “sector pastel” tiene mil anécdotas con el “Rojo”. Cualquiera que señalemos del “sector pastel” conoció y disfrutó de Sastre, Erico y De La Mata, los jugadores que dan nombre a las plateas.  Cualquiera del “sector pastel” bailó al compás de Bochini y Bertoni.  Cualquiera del “sector pastel” lloró a los hitos rojos que ya no están.  Cualquiera que señalemos del “sector pastel” tiene más de cincuenta años de socio del club y seguro ya ha recibido su “carnet de bodas de oro”.
   Y si, porque el “sector pastel” es el sector de los socios vitalicios, los socios de toda la vida, los socios de siempre.
   Y volví a la definición que me dieron: el color pastel es un color con “poca vida”. Y respondo que “puede ser”.
   Puede ser que cada uno de los que se encuentran en ese lugar tengan “poca vida”, porque la edad da muestra de eso.   Puede ser que no vivan exaltados y que no salten con cada gol o quizás la camiseta que tenían de jóvenes ya no les entra, y si son jubilados, dudo que el dinero les alcance para comprarse la nueva “casaca”.
   Todo puede ser. Pero no todo es.
   ¿Y qué quiero decir con esto? Que no hay “poca vida” en ese sector.
   Sino que hay mucha vida vivida, muchas copas levantadas, muchas alegrías, muchas despedidas, mucha historia, mucha vida “al rojo vivo”.
   Imaginando lo que viviendo estos seres, reflejando en mi mente los festejos con brazos levantados, vuelvo a mi interrogante: ¿qué es un color pastel?
   Y después de pensar y reflexionar, no hay muchas respuestas: es un color con mucha vida. ¿No creen?
   Y sino, pregúntenle a esos viejos locos –con todo respeto- que siguen yendo a ver al equipo que alentaron toda su vida. Que siguen saltando al gritar un gol.                                       
   Que siguen comprando maní y que siguen poniéndose de pie para recibir al “Rojo de Avellaneda”.
   Estoy segura que la respuesta va a ser única: “la pucha, que vale la pena vestirse de color pastel”.

Enero 2005.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Chau 2011 - Hola 2012

Se va un año al que voy a recordar toda mi vida.
El 2011 me demostró que no existen imposibles, que todo llega por algo y en el momento adecuado.
Me demostró que cada año es distinto y que cuando pensás que llegaste a la meta, hay otro objetivo más para alcanzar. Otro sueño más por cumplir.
Me aseguró que los sueños se hacen realidad, por eso hay que tener cuidado con lo que soñamos...
Me enseñó que hay amigos que son hermanos y que los hermanos, siempre, son amigos.
Me mostró que hay amigas que estuvieron, están y estarán siempre; pero que también la vida te acerca nuevos amigos, personas que por algo, te necesitan.
Me trajo regalos... muchos... sorpresas, infinitas. Y una sonrisa única: la de Delfina.
El 2011 fue un año diferente, con muchos cambios, con muchas canciones, con muchos proyectos.

Pensar que a principios de 2011 me dije "Vamos por la gloria", y fui mes tras mes "Atrapando sueños".
No recuerdo estar tan feliz un 31 de diciembre. Tal vez sea la primera vez de muchas tantas.
Chau 2011. Te voy a extrañar... sabelo. Pero como dijo el gran Cerati: "Poder decir adiós es crecer".

domingo, 23 de octubre de 2011

Gracias Serenita

Resulta que en el 2002 decidimos que Denise fuera mamá. Le conseguimos un novio y al cabo de dos meses y medio llegaron los bebés.

Era la primera vez que yo iba a asistir un parto y de yapa, Denise comenzó a parir antes de que yo llegara, así que no ví a Kiara nacer.


Una hora más tarde, y después de que papá me diera todas las instrucciones, ayudé a Serena a ver la luz. Era pequeñita. Habíamos elegido ese nombre, entre muchos más porque sabíamos que eran muchos bebés. Había tres nenas, entre ellas, Serena y Venus, como las tenistas estadounidenses de apellido Williams.


Tal como lo dice su nombre, ella era la serenidad misma. La perra más buena que uno hubiera podido conocer. Sumisa. Dependía exclusivamente de su hermana Kiara. (Nos habíamos quedado con ellas dos. Los demás los regalamos). Obediente. No hacía falta un grito para que ella entendiera lo que uno quería decirle. Mimosa. Apenas llegabas se acercaba suavemente, te pedía mimos. "Serena no era una mascota más, era una nenita en el frasco de una perrita", así la describió mi hermana Natalí, su dueña.


Serena no podía vivir sin su hermana. Cuando una se enfermaba, la otra lloraba sin parar. Lo mismo del lado de Kiara. Cuando Serena volvía del médico, Kiara le reprochaba que la hayan dejado sola. Es real. Ver como se hablaban daba ternura.


Mis viejos me enseñaron que lo mejor que tengo en la vida son mis hermanas. Y las defiendo a muerte. Tal vez, sin darse cuenta, le transmitieron lo mismo a "las nenas" (así las llamamos). O tal vez -y quizás lo más seguro- el instinto animal enseña que a los hermanos hay que amarlos y defenderlos hasta la muerte.


Kiara enfermó hace unas semanas. Tuvieron que sacarle el útero. Serena a su lado, presente y con altura acompañando a su hermana. Días después, Serena empezó a verse mal. Bajó de peso, dejó de comer. El médico dijo que tenía una insuficiencia renal sumado a una cantidad de glucemia que no se bajaba con las dosis de insulina que le inyectaban. 


Durante una semana no quiso comer. Estuvo internada una semana, sólo recibía suero y medicación. Hasta que los resultados fueron los menos esperados: su cuerpo rechazó el tratamiento. No quedaba nada más por hacer.


Mi viejo decidió que pasara el fin de semana con su hermana, con nosotros. Desde el viernes a la noche lo único que hacía era respirar fuerte. Su cuerpo ya no era el mismo. Y en la madrugada del domingo empezaron las quejas, pero apenas se la escuchaba. Su timidez no la dejaba quejarse en público. Su hermana a su lado.
Hoy, y luego de que viera a todos los integrantes de la familia (que nos juntamos tras las elecciones), dijo adiós, en brazos de mi papá. Su corazoncito no aguantó más. Y quizás fue lo mejor, así no sufría de dolor mucho más tiempo.


Antes de enterrarla en el fondo de casa, donde está también su mamá, viví uno de los momentos más fuertes en toda mi vida. Serena estaba acostadita y tapada con una manta. Nosotros alrededor despidiéndola. Kiara se acercó, le trajo un muñeco de plástico con el que jugaban, y se acostó a su lado. Ahí se quedó un largo rato, hasta que la enterramos. Tuve que taparle los ojos para que no vea donde íbamos a dejarla. Por las dudas.


No se si los perros piensan, recuerdan, sufren o lloran. Creo que no hay certezas de eso. Pero pónganlo en duda. El amor de esas hermanas fue único.